– “The art of hosting” o el arte de facilitar la inteligencia colectiva

Los equipos directivos de los colegios con los que trabajamos están de acuerdo en cómo influyen las emociones en la tarea del día a día, y la necesidad por tanto de abordar la gestión de estas emociones para ponerlas al servicio de la tarea. Esta idea cada vez está más aceptada, aunque hace unos años ni se contemplaba.

La dificultad surge en el cómo. Nos encontramos con una resistencia a acompañar, por parte de los equipos directivos, a sus claustros, no porque no confíen en que será bueno, sino por miedo a que explote y se les vaya de las manos, o por no  saber bien cómo acompañarles, o a veces, incluso, por dudas de si servirá para algo.

Está muy extendida la impresión de que trabajar las emociones es neutralizarlas (meterlas en una cajita, como forma de que no afloren y no molesten, ponerlas en post-it, cualquier cosa que ayude a ponerlas fuera del trabajo del equipo). Esto genera grupos que nos crecen porque no digieren sus propias emociones incómodas. Se confunde inteligencia emocional del grupo con invitar a sus miembros a escribir esas emociones incómodas y dejarlas a un lado mientras se trabaja.

Lo cierto es que cada proyecto, cada tarea genera emociones que demandan la valentía de que sean afrontadas y digeridas en paralelo con todo el trabajo operativo.

Por ello la idea del acompañamiento grupal, lo que en ciertos foros llaman “the art of hosting”, se trata de liderar de forma cooperativa a los grupos, lo cual requiere de coraje para crear espacios seguros donde el grupo pone todo su liderazgo individual tanto en la tarea operativa que les une como en los procesos emocionales que surgen en el camino.

Se trata del arte de tener valentía, dejar al lado los egos, diseñar y gestionar estructuras grupales, garantizar espacios seguros, diseñar procesos donde los integrantes del grupo se responsabilizan. El estilo cuando facilitamos grupos, influirá en el tipo de dinámica que se producirán: potenciará los egos, o generará confianza; pasividad o participación; dependencia o responsabilidad.

Cuando se aprenden los recursos y herramientas para facilitar grupos con este estilo, desaparecen muchos de los miedos, y no solo eso, el liderazgo se convierte en algo compartido, y en una experiencia enriquecedora, al tiempo que el equipo crece.

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